Más de dos mil años de historia conforman el rico patrimonio de Tortosa. La ciudad ha sido declarada Conjunto Histórico-Artístico.
La Tortosa antigua hay que concebirla como una ciudad mediterránea que es puerto y mercado, receptora y distribuidora de productos del interior peninsular y de todo el Mediterráneo.
Habiendo sido ocupada por los romanos, fue amurallada y rebautizada con el nombre de Dertosa.
En el siglo VIII fue conquistada por los musulmanes, cuya larga dominación ejerció en la ciudad una fuerte y profunda influencia. En el siglo XI se convirtió en un reino de taifa de gran importancia.
La grandeza de este reino de taifa terminó en el año 1148, cuando Tortosa fue conquistada por Ramon Berenguer IV, conde de Barcelona. Los tres puertos de la ciudad llegaron a controlar el comercio del maíz y la sal del Mediterráneo occidental. La ciudad se convirtió en la encrucijada de los territorios que integraban la Corona Catalano-Aragonesa y en una de las grandes ciudades que a menudo era el escenario de las Cortes de la Corona de Aragón.
La expulsión de los judíos (1492) y, en menor medida, la de los moriscos (s. XVII), perjudicó notablemente la vida económica de Tortosa.
Durante la Guerra de los Segadores, en 1640, cayó pronto en manos de los castellanos, quienes poco después fueron expulsados por los franceses (1650); es la época de la decadencia política y cultural de Cataluña.
En la Guerra de Sucesión, al caer el País Valenciano en poder de Felipe V (s. XVIII), también cayó Tortosa.
El siglo XIX se inició con la invasión napoleónica, consecuencia de la cual una buena parte del territorio, junto con toda Cataluña, fue arrebatada del imperio español e incorporada al imperio francés hasta 1814.
A pesar de haber perdido la unidad territorial con el consiguiente traslado de la capitalidad a Tarragona durante el año 1833, la centuria contrastó por el mantenimiento y auge de la actividad creativa en el campo cultural y estuvo marcada por las guerras carlistas.
Tortosa fue uno de los lugares más afectados por el enfrentamiento de la Guerra Civil de 1936, con el trasfondo sangrante y dramático de la Batalla del Ebro.