Descripción

La Iglesia y Convento de San Juan forman un conjunto barroco situado en la plaza de Sant Joan, en el centro histórico de Tortosa. Construido principalmente durante el siglo XVIII, está estrechamente vinculado a las religiosas hospitalarias de San Juan de Jerusalén, presentes en la ciudad desde finales del siglo XVI.


Actualmente, el conjunto ya no funciona como convento. El edificio alberga la Escuela de Arte y Cultura de la Diputación de Tarragona y otros servicios. La plaza completa el recorrido con dos grandes murales contemporáneos dedicados a Felipe Pedrell y Gerard Vergés, que establecen un interesante diálogo entre patrimonio barroco, arte urbano y memoria cultural de Tortosa.



Iglesia y Convento de San Juan: los orígenes


Las religiosas hospitalarias de San Juan de Jerusalén llegaron a Tortosa en 1579, procedentes del monasterio de Santa María de la Ràpita. Inicialmente se instalaron en el antiguo convento de los Trinitarios, en el barrio de Remolins. Entre 1580 y 1586 se construyó un nuevo convento para la comunidad.


A principios del siglo XVIII, las transformaciones de las defensas de Tortosa provocaron la desaparición de aquel primer conjunto. En 1709, el convento fue derribado y las religiosas se trasladaron temporalmente a la Casa Caspir. Finalmente, en 1734 ocuparon el nuevo convento construido en su emplazamiento actual.


Así, la historia de San Juan está también relacionada con la evolución urbana y defensiva de Tortosa, ya que el límite posterior del edificio llega hasta la muralla medieval del siglo XIV.



Un conjunto barroco del siglo XVIII


El antiguo convento es un edificio de estilo barroco organizado alrededor de un patio central y distribuido en tres plantas. En la fachada se conservan elementos originales, entre los que destacan los balcones, las ventanas y las puertas adinteladas.


En el interior, el patio está rodeado por galerías distribuidas en los diferentes niveles. Las arcadas de medio punto, los pilares rectangulares con capiteles moldurados y los techos con vigas de madera caracterizan este espacio. Sin embargo, dado que actualmente el edificio tiene usos culturales, educativos y de servicios, estos elementos interiores no deben entenderse como parte de una visita turística habitual.



La portada barroca de la iglesia de San Juan


La iglesia forma parte del mismo conjunto, aunque su construcción se prolongó más que la del convento. Las religiosas se instalaron en el nuevo edificio en 1734, pero las obras del templo no finalizaron hasta 1777.


Desde la plaza destaca especialmente su portada barroca, de rica composición ornamental. La portada se enlaza verticalmente con la ventana del nivel superior y constituye uno de los elementos más reconocibles del conjunto.


Por ello, durante la visita conviene observar la composición de la fachada, la portada y la relación entre la iglesia, el antiguo convento y el espacio de la plaza.



Guerras y transformaciones del convento


La historia de la Iglesia y Convento de San Juan está marcada también por los conflictos que afectaron a Tortosa. Durante la Guerra de la Independencia, el convento fue requisado por el ejército invasor y utilizado como hospital de guerra y depósito de armamento. Las religiosas regresaron en 1814.


En 1936, durante la Guerra Civil, el conjunto fue asaltado e incendiado. Posteriormente, las religiosas restauraron el convento, mientras que la iglesia no pudo volver a abrirse al culto hasta 1956.


La comunidad abandonó definitivamente el edificio durante la segunda mitad del siglo XX. Desde 1987, el antiguo convento acoge la Escuela de Arte. Actualmente, esta función cultural continúa a través de la Escuela de Arte y Cultura y de los espacios donde se organizan exposiciones y otras actividades.



Los murales de la plaza de Sant Joan


El recorrido por el conjunto se completa con los murales de la plaza de Sant Joan, dos grandes obras de arte urbano de Roc Blackblock dedicadas a figuras y episodios de la cultura tortosina.


Uno de los murales rinde homenaje al compositor y musicólogo Felipe Pedrell, nacido en Tortosa en 1841. La obra se encuentra en el solar donde estuvo su casa natal y está presidida por el retrato del músico, acompañado de un pentagrama.


El segundo mural está dedicado al escritor tortosino Gerard Vergés y a la memoria popular de la ciudad. Realizado en 2017, reproduce una fotografía histórica de los años veinte del siglo XX que muestra el reparto del panoli en la misma plaza de Sant Joan. Sobre la escena aparece una frase de Vergés: «De cop comprenc que l’home és la memòria» («De repente comprendo que el hombre es la memoria»).


De este modo, la plaza combina patrimonio histórico y creación contemporánea. Los murales recuperan la memoria de Pedrell, Vergés y una antigua tradición popular, mientras que la iglesia y el convento recuerdan la presencia de las hospitalarias y el pasado barroco de este sector de Tortosa.



Un espacio para descubrir desde la plaza


La Iglesia y Convento de San Juan no funcionan actualmente como un monumento con un régimen regular de visita turística. El antiguo convento tiene usos culturales, educativos y administrativos, por lo que el acceso a sus espacios está condicionado por las actividades que se desarrollan en ellos.


La iglesia tampoco dispone de un horario regular de visita libre a su interior. Por tanto, el descubrimiento turístico del conjunto se centra principalmente en la arquitectura exterior, la portada barroca, la historia del edificio y los murales de la plaza, sin generar expectativas de acceso al interior.


Finalmente, la plaza de Sant Joan permite descubrir diferentes capas de la historia de Tortosa en un mismo espacio: el pasado religioso de las hospitalarias, la arquitectura barroca del siglo XVIII y el arte urbano contemporáneo dedicado a Felipe Pedrell y Gerard Vergés. Esta combinación convierte la plaza en un punto singular dentro de un recorrido por el centro histórico.