La huella de las culturas

Los materiales arqueológicos más antiguos localizados corresponden al siglo VI aC, así pues, podemos establecer desde cuándo la ciudad ha estado poblada de manera interrumpida.


Híbera, ciudad mencionada por los antiguos geógrafos, es probable que coincida con la ubicación del antiguo solar de la ciudad. Las características urbanas del período ibérico en la zona del Ebro así lo confirmarían: colinas dominando el territorio, fácilmente defendibles, y proximidad a vías de agua para dominar el tráfico y el comercio.


Griegos y Fenicios


El río y su inmediata desembocadura, en la antigüedad afectó el establecimiento de lazos comerciales con los pueblos venidos del Mediterráneo, griegos y fenicios, al mismo tiempo que la vía fluvial constituía una ruta de penetración e intercambio con los pueblos de interior.


Romanos


El Ebro se convirtió en frontera física entre romanos y cartagineses por el tratado del Ebro del año 226 aC. Los romanos ya advirtieron de esta ubicación estratégica y, ocupando la colina de la Zuda y el área circundante, fundaron Dertosa. El paso de la Vía Augusta por el Ebro se realizó en nuestra ciudad.


Serán los romanos los que dotarán de una verdadera estructura urbana a la ciudad. Es muy probable que ya en esta época hubiera presencia de judíos en Tortosa, que se mantendrá, con períodos de mayor o menor pujanza, hasta la época moderna.


Visigodos


En época visigoda el territorio se constituye en diócesis. Recientes excavaciones frente a la Catedral han dejado al descubierto restos de la muralla romana y de la que sería la primera sede visigoda.


La conquista musulmana


La dominación musulmana, que se extendió más de cuatro siglos, dejó una huella inconfundible y permanente en el desarrollo urbano y comercial. Turtûxa fue un centro fundamental, como tierra de frontera, y también en el ámbito cultural. De este período destacan el jurista árabe Abu-Bakr at-Turtuixí y el poeta y gramático judío Menahem ben Saruq.


La conquista cristiana


Una vez conquistada la ciudad, el 1148, por Ramón Berenguer IV y sus aliados, se autorizó la permanencia de su comunidad sarracena; igual que la comunidad judía, establecida en Tortosa desde el período romano.


Las culturas cristiana, musulmana y judía convivieron y coexistieron en Tortosa y esta presencia ha marcado la ciudad durante siglos; unas presencias todavía bien visibles en la Tortosa de hoy en día.


Para ordenar estas poblaciones, repartirlas, asignarles tierras y recursos se concedieron a las dos comunidades cartas de seguredad o franqueses (fueros) y otras garantías y privilegios, aunque tenían que vivir en barrios separados y extramuros (aljamas). La comunidad dominante cristiana se estableció en la ciudad vieja; la morería, al otro lado de la Cortadura; y la judía, en los astilleros amurallados, más al norte. A los cristianos recién llegados les concedieron una carta de poblament (carta puebla).


Los Reales Colegios


Sin duda, una de les joyas monumentales de la ciudad que hoy en día es de visita indispensable es el conjunto de los Reales Colegios de Tortosa, datados del siglo XVI, una muestra del esplendor de la ciudad durante el Renacimiento.


Encrucijada de territorios


Tortosa ha sido un emplazamiento clave en circunstancias bélicas, a parte de los intercambios fruto de su situación con gente venida de todos sitios, especialmente aragoneses y valencianos, pero también francos y occitanos o, incluso, colonias británicas.


El Museo de Tortosa

En el Museo de Tortosa se puede ver una buena muestra de las huellas ibérica, romana y visigoda de la ciudad. La estela funeraria romana – encargada por una viuda para su marido que partió en barco y ya no volvió – es una de las piezas estrella del Museo.


De la época islámica, en el mismo espacio cultural se pueden conteplar numerosas obras de cerámica. En la Catedral de Tortosa se encuentra la representativa lápida de la fundación de los astilleros del siglo X. Hay una copia en el muro lateral del recinto catedralicio cercano en la plaza del Absis.


De la época cristiana, son representativas la carta de población de 1149 o el famoso Llibre de Costums de Tortosa.

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