Descripción

Ernest Hemingway (1899-1961) es uno de los más célebres periodistas y escritores norteamericanos, Premio Pulitzer y Premio Nobel de Literatura. Durante la Guerra Civil española trebajó como corresponsal de guerra y fue propagandista de la causa republicana y uno de los últimos cronistas en abandonar el terreno de la Batalla del Ebro. Llega a Tortosa el 4 de abril de 1938, procedente de Barcelona, para cubrir la defensa de la zona del Baix Ebre ante el avance de les tropas franquistas y escrive: “A las dos de esta tarde, Tortosa era una ciudad casi demolida, evacuada por la población civil y sin ningún soldado. Veinticuatro kilómetros más arriba se luchaba encarnizadamente por proteger Tortosa, el objectivo fascista en su avance hacia el mar”. Su última crónica será el 18 de abril de 1938. Se encuentra cerca de Amposta escondido tras un campo de cebollas contiguo a la carretera de Tortosa. Escrive: “El Delta del Ebreo tiene una tierra buena y rica y, donde crecen las cebollas, mañana habrá una batalla”.



Refugio n.4. Podemos empezar esta ruta en la entrada del refugio antiaéreo número 4, donde diversas empresas de guías ofrecen visitas guiadas. Se trata de uno de los más de veinte refugios construidos en Tortosa para proteger la población civil de los bombardeos aéreos. El refugio número 4, construido bajo el talud del barrio del Garrofer, fue construido con fondos públicos y comunicaba con otro refugio situado al final de la calle Teodor Gonzàlez. Con una capacidad de hasta para 400 personas era el mayor refugio de Tortosa. Se trata de un sistema de galerías de un metro de ancho por dos de alto, excavadas en terreno arcilloso y guijarros, con pavimento de tierra, revestidos con ladrillos y hormigón. Su visita es muy recomendable, ya que reproduce muy bien la experiencia de poder estar en el interior mientras, fura, caen las bombas.

 

Plaza de los Banys. Bien cerca, podemos llegar a la plaza de los Banys, uno de los pocos espacios urbanos que restan del antiguo barrio de Pescadores de Tortosa, completamente destruido por la aviación italiana. La historia del barrio de Pescadores se remonta a los orígenes portuarios y mercantiles de la ciudad. Los trimotores Savoia-Marchetti S-79 y S-81 del cuerpo de la Aviazione Legionaria delle Baleari, juntamente con los hidroaviones alemanes Heinkel He-59 de la Legión Cóndor, fueron los aviones utilizados para bombardear Tortosa. Los objetivos principales de la aviación eran los puentes, la estación de ferrocarril, la central eléctrica y los talleres dedicados a la industria de guerra, situados principalmente en Ferreries. Las zonas más castigadas serán los barrios de Pescadores y de Ferreries, los alrededores de la estación y los puentes. Entre el 23 de febrero de 1937 y el 30 de diciembre de 1938, Tortosa sufrió 77 ataques aéreos, que causaron 92 muertos y decenas de heridos. El ataque más destructivo fue el 15 de abril de 1938, Viernes Santo, cuando la ciudad recibió 12 ataques aéreos, que arrojaron más de 54 toneladas de bombas.

La crónica de Ernest Hemingway “Bombing of Tortosa” se ha convertido en uno de los textos más emblemáticos de su cobertura sobre la Guerra Civil española: “Encima nuestras cabezas, en el cielo alto y sin nubes, flota tras flota de bombarderos volaba con estrépito sobre Tortosa. Cuando dejaron caer el repentino fragor de sus cargas, la pequeña ciudad a orillas del Ebro desapareció en una creciente nube de polvo amarillo. El polvo no llegó a asentarse, ya que acudieron más bombarderos y, finalmente flotó como una niebla amarillenta sobre todo el valle del Ebro”. Al atardecer de ese día, Hemingway hará una reflexión terrible: “Había muchas razones para dejar Tortosa y dirigirse a Barcelona, incluyendo la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.



Plaza de la República. Nos podemos acercar seguidamente a la plaza Alfons XII, que como otras calles y plazas cambió de nombre durante el período de la Segunda República y pasó a llamarse plaza de la República. Actualmente se encuentra en el mismísimo centro de Tortosa y podremos ver majestuosas casas a su alrededor. Con los bombardeos, muchos tortosinos se refugiaron en los arrabales, diseminados o en las masías de montaña.

 

Mercado Municipal. El mercado también fue afectado por los bombardeos y durante la reconstrucción perdió parte de los elementos decorativos de la fachada. El mercado simboliza las dificultades para avituallar la ciudad. El noviembre de 1936 llegan cerca de dos mil refugiados procedentes de Pozoblanco (Córdoba), Toledo y los alrededores de Madrid y las autoridades establecen un precio reglamentario de venta para las mercancías y la obligación de obtener autorizaciones para sacar comestibles de la ciudad.



La ciudad, una gran trinchera. El mercado se encuentra al lado mismo del Ebro, el río que fue frontera entre un bando y el otro. Las tropas franquistas ocupan Ferreries, el barrio situada en la orilla derecha del río, el 18 de abril de 1938 y el ejército republicano resta en la orilla izquierda. El Ebro separa los dos ejércitos y la ciudad se convierte en frente de guerra durante nueve meses. El patrimonio arquitectónico también sufrió los estragos de la guerra, tal y como lo testimonian los restos de la plaza de los Dolors. Aunque una parte del rico patrimonio artístico tortosino había sido quemado y saqueado a principios de la guerra, en evacuarse la ciudad, el grueso del Tesoro de la Catedral y los archivos fueron llevados a Barcelona. Asimismo, el Tesoro de la Catedral, un lote de 27 piezas de oro y plata, entre las cuales destacan el reliquiario mayor de la Virgen de la Cinta (1619) o el cáliz del Papa Luna (siglo XIV) no retornará a Tortosa una vez acabada la guerra. Parece que fue trasladado a Francia durante la retirada y, desde allí, llevado a México para ayudar al mantenimiento de los exiliados republicanos.



Los puentes volados. La ciudad disponía de tres puentes sobre el río Ebro: el puente del ferrocarril, el puente del Estado y el puente de la Cinta. Este último no fue reconstruido una vez acabada la guerra y, actualmente, su pilastra central sirve de peana al monumento erigido por Franco el 1966 para recordar a los muertos durante la Batalla del Ebro. Los puentes eran el principal objetivo de los bombardeos aéreos. Podemos pararnos un momento a imaginarnos aquellos instantes de horror en medio de la ciudad, en ambas orillas del río.



Los italianos en Ferreries. Si cruzamos el río llegaremos al barrio de Ferreries, que albergaba las industrias militarizadas, como la fundición Sales, trasladada a Vic juntamente con sus trabajadores para evitar ser destruida por los bombardeos. El campanario de la iglesia del Roser, de estilo retrorománico y utilizado como nido de ametralladoras durante el conflicto, en ser reconstruido perderá 12 metros de altura. Las tropas franquistas ocupan la orilla izquierda de Tortosa el 13 de enero de 1939.

 



El retorno. Podemos volver hacia el centro de la ciudad y llegar a la plaza del Àngel, uno de los centros neurálgicos de Tortosa, donde originariamente había la fuente gótica que ahora se encuentra adosada al Palacio Oliver de Boteller situado en la calle del Doctor Ferran. La población, hasta entonces refugiada en las montañas, vuelve a la ciudad. Muchos se encontrarán las casas inhabitables y sus bienes saqueados. Pero no todos vuelven. Algunos porqué lo han perdido todo; otros a causa a la represión y el exilio. En Tortosa, el alcalde Josep Rodríguez, el regidor y juez municipal Francesc Cabanes, el médico y regidor Primitiu Sabaté, el periodista Sebastià Campos Terré, entre otros, fueron condenados a muerte y fusilados después de un sumarísimo consejo de guerra.



La reconstrucción.  Podemos concluir esta ruta en la plaza Espanya, el espacio que concentra el núcleo administrativo con los edificios del Ayuntamiento, Correos y Telefónica. Es un espacio donde se evidencia el proyecto y estilo de la reconstrucción de la ciudad después de la guerra. El estado de Tortosa era catastrófico. Alrededor de 3.000 edificios, de los 4.000 con los que contaba el casco urbano, presentaban algún tipo de destrucción. Entre los edificios nobles, excepto los Reales Colegios, que sirvió a principios la Guerra Civil para recluir a los ciudadanos de derechas a la espera de ser ajusticiados, ningún edificio se salvó de los bombardeos. La Dirección General de Regiones Devastadas fue la nueva entidad creada por la nueva administración franquista para reconstruir las poblaciones y las infraestructuras afectadas por la guerra. La tarea de reconstrucción física de la ciudad se prolongará hasta bien entrados los años 1950. Pero la superación del trauma vivido por la población tardará más en conseguirse.