El Ebro, el gran río


Hablar de Tortosa es hablar del Ebro y, en la ciudad, el río es uno de los grandes protagonistas. El río atraviesa la ciudad como un espejo en calma y su visión o recuerdo suscitan en cualquier tortosino la emoción de sentirse en casa.


La vida de los tortosinos está íntimamente ligada al río como un árbol a la tierra. El poeta tortosino Gerard Vergés inmortalizó este vínculo vital en aquel verso  que dice: “Con frecuencia creo que mi infancia tienen un dulce y secreto murmullo de agua.”


El río Ebro fue un factor histórico determinante para que los primeros habitantes de Tortosa se establecieran a sus orillas. Con el tiempo se convirtió en una ciudad de importante comercio y transporte de materiales. Muchas mercancías pasaban por Tortosa para remontar río arriba e introducirse en el resto de la península ibérica. El río facilitaba la combinación del transporte fluvial y terrestre, y durante la edad media Tortosa era un destacado foco comercial.


Navega con los antiguos laúdes


El Ebro ha sido testigo de todo el esplendor de esta ciudad pero también de sus miserias. Durante la Guerra Civil Española, la ciudad quedó dividida en dos, con los dos ejércitos enfrentados a ambos lados del río. Seguro que en el fondo de sus aguas se esconden todavía muchos misterios.


Para el visitante que llega a Tortosa por primera vez, el Ebro sorprende por su amplitud y se convierte en una parada obligatoria durante la visita. Más que un monumento para conocer, el Ebro es como un ser vivo por descubrir y cuidar. Puede ser contemplado desde los puentes y desde los paseos de ribera de la ciudad, y las opciones para disfrutarlo son múltiples: navegando con el laúd, desde una piragua, un kayak o incluso pescando.

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La identidad de un territorio a través de les sus aguas

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