Descripción
El Puente Rojo y la Vía Verde Tortosa forman uno de los espacios más emblemáticos para disfrutar del río Ebro, del patrimonio ferroviario y de los paisajes que rodean la ciudad. El antiguo puente ferroviario, rehabilitado como paso para peatones y ciclistas, es hoy uno de los símbolos contemporáneos de Tortosa y un excelente punto de partida para recorrer la Vía Verde de la Val de Zafán.
Construido entre 1865 y 1868, el Puente Rojo fue el primer puente fijo que cruzó el Ebro a la altura de Tortosa. Hasta entonces, el paso entre ambas orillas dependía principalmente del puente de barcas. La nueva infraestructura permitió completar la conexión ferroviaria entre Barcelona y Valencia, convirtiéndose en una de las grandes obras de ingeniería de su época.
Con más de 220 metros de longitud, el puente conserva el carácter industrial de la antigua línea ferroviaria. El tablero metálico y los pilares originales fueron sustituidos entre 1911 y 1913. Durante la Guerra Civil, la estructura sufrió graves daños tras ser volada, aunque posteriormente fue reconstruida y continuó prestando servicio hasta el cierre de la línea ferroviaria en 1996.
Entre 2011 y 2013, el puente fue rehabilitado y adaptado para usos no motorizados. Fue entonces cuando adquirió el característico color rojo que le da nombre. Hoy permite cruzar el Ebro a pie o en bicicleta mientras se disfrutan magníficas vistas del río, del Parque Municipal Teodor Gonzàlez, de la fachada fluvial y del perfil monumental de Tortosa.
El Puente Rojo y la Vía Verde Tortosa conectan la ciudad con la Vía Verde de la Val de Zafán, una ruta que aprovecha el antiguo trazado ferroviario y se dirige hacia el interior hasta Alcañiz y La Puebla de Híjar. El recorrido, prácticamente sin desniveles significativos, es ideal para caminar, montar en bicicleta o a caballo, atravesando túneles, viaductos, olivares, viñedos, bosques mediterráneos y los paisajes del valle del río Canaletes.
Desde Tortosa también es posible seguir el tramo de la Vía Verde hacia La Ràpita. Este itinerario discurre entre huertas, cultivos de regadío, bosques de ribera y arrozales, adentrándose progresivamente en los paisajes del delta del Ebro hasta llegar a la bahía de los Alfaques. De este modo, la ruta permite continuar desde el patrimonio urbano de Tortosa hasta los amplios espacios naturales próximos al mar Mediterráneo.
Recorrer el Puente Rojo y la Vía Verde Tortosa es una propuesta ideal para combinar actividad física, naturaleza y patrimonio industrial, tanto en un agradable paseo junto al río como en una excursión de mayor recorrido por las Tierras del Ebro.