Descripción

Las carnicerías, así como el horno, tienen un tratamiento diferenciado por las prácticas concretas que, en el sacrificio, tienen que recibir los animales destinados para el consumo humano.

Las comunidades, tanto la judía como la musulmana, tenían que disponer de lugares de sacrificio animal por separado. Los impuestos derivados de la actividad se tenían que tributar a las familias nobles de la ciudad, en concreto a los Sentmenat.

La carnicería judía de Tortosa (hoy desaparecida) está señalizada con un panel en la calle d’en Fortó.